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Observar la respiración.

Por Leo.

¿Por qué nos cuesta conectar con las cosas simples, las que demandan poco “hacer”? ¿Hay algo más simple, más importante que la respiración? ¿Por qué nos cuesta observar la respiración? En la práctica de ashtanga, seguir la respiración, movernos a su ritmo, es una de las cosas más difíciles con las que nos topamos. Es algo que sucede tanto en personas que recién dan sus primeros pasos, hasta practicantes que llevan incluso años arriba de la colchoneta. No es el objetivo de estas líneas el de mostrar LA respuesta, la verdad sobre el asunto. Por el contrario, es una reflexión, una sospecha que queremos compartir y es la siguiente: estamos habituados al placer de las cosas difíciles o desafiantes. ¿Qué hay de meritorio en respirar, en llevar un registro de la misma? La respiración no se ve, no tiene nada atractivo. En cambio, hacer una nuevas posturas, raras, de esas que en la vida pensamos que podíamos hacer es mucho más seductivo. Y eso no es que esté mal, para nada. Es simplemente apuntar sobre un comportamiento que TOD@S tenemos en mayor o menor medida que tiene que ver con sentirnos orgullosos por las cosas que hacemos. Estamos acostumbrados culturalmente a ver los resultados de nuestras acciones y reaccionar ante ellas. Queremos ver resultados todo el tiempo, nos frenamos antes de hacer algo para saber de antemano qué beneficios traerá. Si no, no lo hacemos. Un hábito agotador que nos priva de acercarnos a lo más inmediato, lo más natural que tenemos. ¿Acaso hay algo más inmediato que la respiración? ¿Existe mayor calma que estar en contacto con lo natural? ¿Cómo nos sentimos cuando nos alejamos de la naturaleza y cuando nos acercamos a ella? Observar es mucho más que ver, implica un registro mucho más amplio que los ojos. Observar la respiración como cuando nos sentamos en una piedra para abrazar la inmensidad de un valle, dejando que el viento se lleve las nubes más oscuras. No tenemos que hacer nada. Podemos conocer nuestro paisaje, con todos sus climas y habitantes. Solo tenemos que aprender a dejar de hacer para poder ser. Así de simple, así de importante.